Todos aman a clara
David Foenkinos
3 h 49 min
Lectura
Alfaguara
Editorial
24,85 €
Precio
En la cartografía literaria de David Foenkinos, la fragilidad no es un estado de carencia, sino el material con el que se esculpe la identidad. En su novela Todos aman a Clara, el autor parisino nos invita a desmigar un entramado emocional que comienza con la suspensión absoluta del tiempo: el coma de una adolescente de dieciséis años. Lo que sigue es una disección del alma humana, narrada con esa precisión quirúrgica y melancólica que ha convertido a Foenkinos en un referente de la "tragicomedia" contemporánea.
La transformación de Clara Koskas es el epicentro de la obra. Tras ocho meses de coma, Clara regresa a la vida, pero no a la normalidad. La que fuera la «ciudadana única de un reino consagrado a ella» por sus padres, despierta habitando una extrañeza metafísica. Su metamorfosis no es solo física; Clara desarrolla un don que transita entre la videncia y la provocación del destino: no solo predice el futuro, sino que, de algún modo, lo «despierta» en los otros.
Esta mutación convierte a la joven en un objeto de deseo y temor social. El autor retrata con agudeza cómo su entorno —vecinos, amigos y curiosos— intenta convertir su trauma en un servicio de consultas esotéricas. La presión de este "brillo" involuntario termina por quebrar sus vínculos más íntimos, especialmente con su amiga Lola, quien sucumbe al sentimiento de ser «irrecuperablemente la número dos». Finalmente, la metamorfosis de Clara la empuja a un exilio espiritual en la India, buscando un silencio que el ruido de la fama oracular le niega en Europa.
La técnica narrativa de Foenkinos en esta novela destaca por su «sarcasmo emotivo» y una estructura que prioriza la brevedad y el ritmo. Heredero de la prosa fragmentaria de Charlotte, el autor utiliza frases cortas y una profusión de aforismos que actúan como anclas reflexivas. Para Foenkinos, este estilo es una forma de «dar respiración» a la historia, permitiendo que el lector asimile la gravedad del drama familiar sin ser aplastado por él.
Un elemento técnico fundamental es la meta-literatura. Alexis, el padre de Clara, busca refugio en un taller de escritura para lidiar con el dolor. En este espacio, Foenkinos reflexiona sobre el acto creativo como una «forma de infidelidad a la propia vida», sugiriendo que solo a través de la ficción podemos encontrar una verdad soportable. El ritmo de la novela, influenciado por la formación del autor en el jazz, alterna momentos de estancamiento melancólico con improvisaciones vitales que aceleran la trama tras el despertar de la hija.
Sin embargo, algunos sectores de la crítica y lectores especializados han notado una «sensación de promesa parcial». Se argumenta que, aunque el planteamiento es brillante, la ejecución de la trama sobrenatural a veces diluye la fuerza del realismo psicológico inicial. A pesar de estas notas, el consenso general celebra la obra como una «invitación a reparar todo lo que se rompe con los años», impregnada de la delicadeza que es ya marca registrada del autor.